sábado, 26 de noviembre de 2016

Metavisión

Las personas tenemos diferentes grados de profundidad mental, de intriga filosófica o de capacidad de abstracción. Hay gente que se empapa de lo metafísico y surfea sus intrincadas olas con bastante soltura, mientras otras personas se quedan en el estrato más superficial de la realidad.

¿Qué diferencia a un ser cuya máxima reflexión sobre la libertad tiene relación con la autoridad de su madre/padre sobre sus planes del sábado noche, de un ser que sería capaz de rizar el rizo al máximo exponente, adentrándose en lo más profundo de la realidad?

La metavisión. La capacidad de mirar más allá de lo que vemos. Ya lo decía Rafiki en El Rey León, y no eran palabras vacías las del divertido simio con acento animado, pues es una capacidad que cada día escasea más.

¿Y cómo puedes entrenar dicha capacidad? Para empezar, si te interesa entrenarla ya tienes mucho camino hecho, ya que es el mismo interés la base de la que se parte. Ese interés, en mi opinión, te lo suscita la educación que has recibido en casa. Si ves a tu madre leer mucho, lo más probable es que tarde o temprano te pique el gusanillo de la lectura. Si oyes a tu padre reflexionar de tanto en tanto sobre temas que no te habías parado a analizar, comenzarás a analizar más variedad de situaciones.
Tu entorno también puede favorecerlo o inhibirlo, por supuesto. Rodearse de personas cuyos únicos intereses son mundanos te sume en una rutina de pensamiento cómoda y simplista. Sin embargo cuando alguien te saca de ese pequeño rinconcito de comodidad y te hace debatir sobre algo que quizás no habías considerado de interés, te está haciendo un gran favor.

El problema de la metavisión es que alcanzar a vislumbrarla es algo complicado, porque estamos bastante saturados de mierda que la sociedad nos hace considerar relevante, obviando lo realmente relevante. ¿Para qué voy a leer, si es mucho más cómodo ver Gran Hermano y me entretengo? ¿De qué sirve formarme si ya tengo puesto de trabajo fijo en la empresa de mi padre? ¿Las noticias? Sólo dan disgustos. ¿Votar? Yo que sé, qué más da.
Esa sociedad es la que nos rodea.

Si has llegado hasta aquí, felicidades. Puedes considerarte alguien con interés, porque te aseguro que otros habrán dejado de leer esta reflexión en el segundo párrafo. ¿Total, para qué?

Los metavidentes ven siempre más de lo que se expresa con evidencias empíricas. Crean asociaciones en su mente que a mí, por lo menos, me asombran. No se conforman con una respuesta monosilábica, desganada y de refilón, sino que ahondan y ahondan hasta que llegan a conclusiones que ni ellos mismos esperaban encontrar.

Desde este pequeño rincón perdido de la mano de Dios, os mando un mensaje: queridos metavidentes, os necesitamos.


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