viernes, 21 de agosto de 2015

Qué te calles!

Y en efecto, me callé. Por eso escribo.

Hace tres meses mi mejor amigo entró en una especie de espiral autodestructiva-depresiva importante. Hace mes y medio se autolesiona. Iba en aumento a una velocidad de vértigo; de hecho, he temido por su vida más de una vez. Le he arrastrado al médico de cabecera, al psiquiatra y al psicólogo varias veces y tras tanto tiempo a aceptado hacer psicoterapia, aunque obligado por mí.

Esa es la versión corta. Esa es la versión en la que no se aprecian todas las llamadas telefónicas de horas, en las que me decía que se cortaba, que le escocían las heridas, que por más que le pidiera que parara siempre me decía que no era suficiente. Tampoco se aprecia el miedo que tuve una noche que me pidió que le llevara a urgencias y lo único que pensé en los eternos 20 minutos que tardé en llegar a su casa fue "no lo hagas, hoy no te mueras".
En esa versión corta, no se ven las discusiones que he tenido con mi pareja porque le cuesta comprender por qué me desvivo por ayudar a una persona aunque no obtenga ningún resultado a pesar de mi esfuerzo.

Con esa versión se puede hacer uno la idea de los cortes que tiene él en los brazos, pero no se ven los cortes que ha supuesto todo esto para mí. No se ven porque no están en mi piel como los suyos.

Mis cortes sangran cuando él me dice que quiere acabar con todo y suicidarse, cicatrizan un poco cuando veo que mejora, pero se abren de nuevo siempre, tarde o temprano. Esos cortes no se ven, sólo se sienten.

Me ha dicho mil veces que no soy ni seré suficiente para sacarle del pozo en el que se ha metido, que le da igual salir o no, que le da igual todo. Me ha dicho tantas cosas que me han afectado por dentro que no soy capaz de contarlas, pero sí he sido capaz de disimularlo, incluso de achacarlo a su estado y "obviarlo" aunque dejen cierta huella. Pero hoy me ha derrumbado por completo.
Hoy él estaba mal. Su ex (un importante desencadenante de esta etapa suya) está con otra persona, y a pesar de que llevaba una minitemporada mejorando y parecía que iba encaminado a salir de todo esto, hoy ha recaído y de qué manera. Se ha cortado, apostaría mi brazo a que ha estado muy pero que muy mal esta tarde. No me ha dejado ayudarle lo más mínimo, lo cual aunque me frustre, respeto. Pero cuando le he intentado echar una mano, sacarle de eso, me ha contestado "que te calles!". Simplemente eso, que me callara. Probablemente sea lo único que no me haya dicho ya, pero hoy he comprobado que era mi talón de Aquiles. Que me calle...

Y en efecto, me he callado. Han pasado diez horas de eso. No sé nada de él desde entonces. Pero creo que no quiero, tampoco.

Estoy enfadada, triste, decepcionada, herida y preocupada, todo a la vez y todo provocado por la misma persona. Le prometí que no le iba a abandonar, y nunca incumplo mis promesas, pero me niego a ser el saco de boxeo de nadie. Ya no. Ya estoy harta. No puedo sacar a alguien de ningún pozo si cada vez que lo intento, él mismo corta la puta cuerda. No puedo.

Tanto tiempo, tanto hecho y todo a la mierda con tres palabras. Me siento lo más estúpido del mundo.
Que sí, que le comprenda, que él no está pasando por un buen momento y tal... pero joder, yo también he tenido malos momentos y de alguna manera intento no hacer daño a quien me apoya.

Teme quedarse solo y le he prometido que yo no me voy a ir, pero no va a dejar de sentirse solo si pega en la cara a todo el que intenta acercarse a ayudar.

No sé, me canso, me quemo, me frustro... pero sé que voy a seguir ahí. Ahora de otra forma, está claro. Lo primero, porque este "que te calles" me ha abierto los ojos (de un ostión, sí, pero bueno) y lo segundo, porque me vuelvo a vivir a la ciudad dónde estudio, y no es la misma que mi ciudad natal. Esto implica distancia que salvar y tiempo que dedicarle.

Cuando volví a mi ciudad, en mayo, empezaba todo esto y tenía la esperanza de que en estos meses pudiera conseguir ayudarle lo suficiente como para que cuando me volviera a mi otra ciudad, pudiera volverme tranquila, sabiendo que está bien. Eso no va a ocurrir,  a pesar de que lo haya intentado.

No voy a arriesgar más, no voy a poner más carne en el asador, porque no vale para nada. Voy a permanecer ahí, esperando su llamada o la llamada a su funeral, no lo sé. Pasiva, porque siendo activa  no he conseguido absolutamente nada. Si me necesita, voy a estar. Pero no voy a tirar de él hacia arriba a no ser que él me lo pida.

"Que te calles!"... Y en efecto, me callé... Pero eso me dio tiempo para pensar.

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