lunes, 22 de junio de 2015

Un esguince divertido.

Tengo un esguince crónico en el tobillo derecho y hace dos noches decidió hacer acto de presencia. Haciendo mucho el mono de fiesta me esguincé de nuevo. Era la una de la mañana y calculaba que me quedaban unas 6 horas hasta volver a casa entre unas cosas y  otras como mínimo. No iba a dejar que me jodiera la fiesta, ni a mí ni a la gente que iba conmigo. Así que bailé a la pata coja, rídicula y patética, pero que me quiten lo bailao' (literalmente)

A la mañana, volviendo a casa no podía ni apoyar el pie, dolía como si se me estuviera cayendo a cachos el muy perro. 

Volviendo por mi calle no podía aguantar la risa. Es ese momento en el que el dolor es tal que o lloras hasta deshidratarte o te descojonas de tu torpeza, y opté por la segunda opción. He de admitirlo, fue divertida la noche. Me lo pasé genial, aunque ahora mi tobillo compita con mi cadera en anchura. 

La faena es que me voy de viaje en tres días, así que me atiborraré a ibuprofeno, me bañaré en trombocid y me quedaré adherida a mi tobillera, pero no me lo pierdo ni muerta. 

Este post no es literario, ni poético, ni melancólico, ni filosófico. Es biográfico, y provocado por el aburrimiento, en gran parte.


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