jueves, 12 de marzo de 2015

Radicalmente humanos.

Tenemos la cruel tendencia a marcar.
Marcamos objetos, animales, personas y situaciones como negativas y positivas.
Somos blanco o negro, pero proclamamos una escala de grises tan ficticia como hipócrita.
¿Por qué el blanco es bueno, o el negro malo?
¿Qué otorga lo negativo a lo negro y al revés?

Tal vez suene a tópico, pero fijaos en el ying y el yang. No hay grises, pero hay equilibrio.
La rueda rodará mientras sus radios se mantengan.

Ayer oí que las personas no somos radicales por naturaleza. Estaban hablando sobre los extremistas de alguna ideología o religión. La persona que lo ha dicho recibió rápidas respuestas, todas más agresivas de lo que considero que merece una afirmación así.

Me dio qué pensar. Realmente, todas las personas somos tan extremas y tan neutralmente naturales a la vez... Un extremista de una religión o una ideología cree, "a ciencia cierta" por llamarlo así, que lo que sea en lo que crea ES cierto, sin género de duda. Me da igual hablar en términos de religión, de política, o de lo que queráis. Pensad en el ejemplo que más os apetezca. Pero para ellos, las personas que no tenemos esa ideología, somos los radicales, que están equivocados pero aún así mantenemos nuestras posturas contrarias en mayor o menor medida a lo que ellos AFIRMAN que es cierto.

Es curioso, no?

Considerarnos a nosotros "normales" por no tener una filosofía radical es tan radical como sus ideas extremas. Claro, todo esto hay que embutirlo en un contexto. En el contexto en el que se desarrollan radicalismos, tal vez nosotros,  "los normales" seríamos sus "radicales". En nuestro contexto, ellos son los radicales.

Creo que la clave del equilibrio entre todas las posturas es el entender eso, respetar sus posturas, compartir opiniones pero no dejar que ello nos lleve a odiar. Por opuestas que sean dos filosofías, tú no eres una filosofía, sino una persona.

Soy feminista, por ejemplo. Y un día me preguntaron si me podía llevar bien con un machista. Dije que no sabía, dentro del machismo hay muchas personas. Probablemente tendría (y he tenido) problemas en determinadas conversaciones en las que disentiríamos, algunas actuaciones que criticaríamos el uno del otro, pero ni él ni yo somos nuestras filosofías, sino personas, y no veo por qué si una persona te cae bien, os tiene que separar una filosofía. Eso, es radical.

Ante todo, somos humanos.


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