martes, 31 de marzo de 2015

Tramo final.

Las horas me ahogan,
me oprimen,
risueñas me miran
mientras pasan.

El reloj se escapa,
corre,
pero parece que vuela.
Vuela a ras de suelo,
suelo que parece que quema.

Mis pies se arrastran,
cansados del camino,
de la línea recta que más curvas esconde,
de las horas muertas que más vida llevan,
del tiempo cruel,
del cruel gesto risueño en la cara del amigo traicionero.


lunes, 23 de marzo de 2015

Día gris.

Típico día gris, que estás asqueada del mundo que te rodea.
Veo buitres haya donde mire.
Siempre preparados para chuparte la sangre,
pedirte favores
y reclamar tu tiempo,
pero nunca dispuestos a darlo.

Me da asco el mundo,
hoy por lo menos.

Cansada de darlo todo en vano,
de luchar contra titanes,
de nadar contracorriente.

Quiero dejarme llevar, pero sé que no puedo.
No aún por lo menos.
Necesito hacer el último esfuerzo,
pero se prolonga más de lo que creía.

Acaba, pero no acaba de acabar.
Empieza, pero no acaba de llegar.
Expectante, presionada,
la vida detrás de la ventana
aparece como una utopía
que risueña me mira
pero saltando se aleja.

Involucrarme de más,
recibir de menos.
Rutina.

Soñar de más,
vivir de menos.
Pesadilla.

Un picor de garganta me avisa
que tal vez mi cuerpo no aguanta.
Sin prisa,
con risa irónica me miro al espejo,
siendo consciente de que dejo de ser ese reflejo
cuando muero por vivir,
o cuando por vivir, vivo muriendo.

jueves, 19 de marzo de 2015

Viajera viajando

El paisaje avanza en mi contra, 
para variar. 
Los árboles corren hacia mí, 
pero pasan de largo.

Miro el mundo a través de la ventana, 
transcurriendo su curso como si nada. 
El mundo hace su vida ahí fuera
y yo, 
no. 

Yo no hago mi vida ahí fuera, 
pero aquí dentro tampoco. 
No está allí del todo,
pero tampoco está aquí. 
¿Emigrante o desterrada?

Las dos caras de la misma moneda, 
complementarias,
inherentes la una a la otra,
pero opuestas. 

Él quiere alejarse de su hogar, 
yo acercarme al mío. 
Ambos confluyen en un punto:

el nuestro. 

viernes, 13 de marzo de 2015

There's you in everything I do.

Su ausencia quema,
pero por más agua que eche no cesa.

Su voz me llama,
pero sus palabras me alejan.

Mantengo la esperanza de no haberle perdido,
pero he perdido mucho.

Sus demonios,
nuestros demonios,
no se van, ni lo harán nunca.

Pude ayudarle, y lo hice
pero no fue suficiente.
Nunca lo es.
Nunca lo será.

Le maté por dentro,
sentí cómo su corazón se hacía pedazos,
cómo sus lágrimas brotaban,
como si llevaran ahí retenidas años.
Lo llevan, de hecho.
Pero yo las frenaba.

Quiero poder ayudarle,
pero no puedo,
y menos cuando soy yo la causa de su dolor.

Tóxica,
corrosiva,
un chupito de ácido clorhídrico.
Poco a poco
y pico a pico
mato.

jueves, 12 de marzo de 2015

Radicalmente humanos.

Tenemos la cruel tendencia a marcar.
Marcamos objetos, animales, personas y situaciones como negativas y positivas.
Somos blanco o negro, pero proclamamos una escala de grises tan ficticia como hipócrita.
¿Por qué el blanco es bueno, o el negro malo?
¿Qué otorga lo negativo a lo negro y al revés?

Tal vez suene a tópico, pero fijaos en el ying y el yang. No hay grises, pero hay equilibrio.
La rueda rodará mientras sus radios se mantengan.

Ayer oí que las personas no somos radicales por naturaleza. Estaban hablando sobre los extremistas de alguna ideología o religión. La persona que lo ha dicho recibió rápidas respuestas, todas más agresivas de lo que considero que merece una afirmación así.

Me dio qué pensar. Realmente, todas las personas somos tan extremas y tan neutralmente naturales a la vez... Un extremista de una religión o una ideología cree, "a ciencia cierta" por llamarlo así, que lo que sea en lo que crea ES cierto, sin género de duda. Me da igual hablar en términos de religión, de política, o de lo que queráis. Pensad en el ejemplo que más os apetezca. Pero para ellos, las personas que no tenemos esa ideología, somos los radicales, que están equivocados pero aún así mantenemos nuestras posturas contrarias en mayor o menor medida a lo que ellos AFIRMAN que es cierto.

Es curioso, no?

Considerarnos a nosotros "normales" por no tener una filosofía radical es tan radical como sus ideas extremas. Claro, todo esto hay que embutirlo en un contexto. En el contexto en el que se desarrollan radicalismos, tal vez nosotros,  "los normales" seríamos sus "radicales". En nuestro contexto, ellos son los radicales.

Creo que la clave del equilibrio entre todas las posturas es el entender eso, respetar sus posturas, compartir opiniones pero no dejar que ello nos lleve a odiar. Por opuestas que sean dos filosofías, tú no eres una filosofía, sino una persona.

Soy feminista, por ejemplo. Y un día me preguntaron si me podía llevar bien con un machista. Dije que no sabía, dentro del machismo hay muchas personas. Probablemente tendría (y he tenido) problemas en determinadas conversaciones en las que disentiríamos, algunas actuaciones que criticaríamos el uno del otro, pero ni él ni yo somos nuestras filosofías, sino personas, y no veo por qué si una persona te cae bien, os tiene que separar una filosofía. Eso, es radical.

Ante todo, somos humanos.


Q.

Queremos ser queridos sin querer,
fortuito,
pero lo buscamos.

Queremos querer sin perder,
seguro,
sin arriesgarnos.

Queremos poder queriendo,
pero no podemos querer
sin perseguir lo que quieres.

Querer, al fin y al cabo,
es entender
que pudiendo elegir para ti
siempre elegirás para él.

Quiero,
pero queriendo,
entiendo que al querer me arriesgo.
¿Pero saben qué?
Quiero arriesgarme a querer,
porque si no quiero,
por dentro siento que me muero.

-Karou.

Inspirémonos.

La presión que ejercen los folios en blanco de mis compañeros la puedo oler hasta yo.
Estamos en clase, en antropología, que es básicamente una clase para orientar nuestro pensamiento.
Mejor dicho, para orientarnos a pensar. Quien más, quien menos, se ha parado alguna vez a pensar en profundidad temas más o menos triviales. Cada uno tiene el grado de profundidad mental que tiene, pero digo yo que hasta al más superficial tiene que haber algo que le revuelva por dentro.

Pero por mucho que aprendamos a pensar, si se estruja como si fuéramos limones, ocurre lo que veo ahora en clase, que los folios les gritan. Rasgan el papel con los bolis, por inercia casi, porque ninguno tiene cara de estar dentro de lo que están escribiendo, el que escribe algo. Si buscas algo auténtico, tiene que venirte sólo, tienes que inspirarte, notar por dentro un impulso de querer sacarlo fuera incluso sin saber muy bien cómo.

Cuando me ocurre eso, dibujo, escribo o, en menor medida, saco fotografías. Si estoy en un ambiente íntimo, incluso canto. Pero el origen de todo ello es siempre la inspiración.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Inicios

Este blog lo he abierto básicamente para cuando me entren mis venadas pseudofilósofas, poder plasmarlas.

Cuando escriba alguna estaré encantada de recibir comentarios contestando o aportando opiniones.

Un saludito!