martes, 28 de marzo de 2017

Última línea juntos. Verso acabado. Punto.

Duele. No es como el dolor de una apendicitis, agudo y alarmante. Es un dolor que ignoro la mayor parte del día, pero está de fondo de algún modo. 

No me tiro todo el día pensando en él, pero no puedo evitar rememorar mierdas cuando no me acuerdo de olvidarle. Es jodido, claro que sí, por cómo acabó todo. Si hubiera sido un corte limpio, cicatrizaría mejor; pero no, ha sido una herida contaminada en toda regla. 

Duele saber que ha sido una historia diferente para ambos, porque durante tanto tiempo él sabía lo que me ocultaba, mientras que yo actuaba cegada por una confianza que ahora sé, no debería haber depositado en él. Duele porque sé que si hubiera sabido la verdad desde un inicio, nos hubiéramos entendido mucho mejor. Duele porque he sido el perfecto experimento para una persona que para mí fue de todo menos eso.

He sido una imbécil incrédula que ha dado el 200% de sí misma por una persona que, cuando ha perdido el interés experimental, ha dejado de apostar por mí. Normal, ¿para qué vas a ponerte en el lugar de una persona que vas a perder en cuanto sepa la verdad? 

Ha sido una mentira, un juego macabro. Es normal que le importe una mierda lo mucho que me duela ahora, porque total, ya se ha acabado el experimento, ya qué más dará lo que sienta, ni que fuera una persona importante... Si sospechaba que no se ponía en mi lugar y que no cedía en su posición orgullosa ni aunque fuera por mi/nuestro bien, ahora puedo confirmarlo. Es más importante tener razón que cualquier otra cosa. 
Me jode porque incluso al pedirme perdón seguía en su puta mierda de pose orgullosa. Casi como si fuera una molestia para él tener que rebajarse a pedirme perdón por algo en lo que él había errado. Yo era claramente inferior en su esquema y desde el día en que empecé a verlo no pude volver a ser feliz a su lado. 

A pesar de sentirme absolutamente utilizada y desechada, infravalorada y olvidada, hay un pequeño trozo de mí que se siente orgullosa. No he llorado. No he llorado, a pesar de saber la verdad, a pesar de sentir todo esto y a pesar de sentir incluso su dolor como el mío, no he llorado ni una sola lágrima. Me queda saber que, efectivamente, soy suficientemente fuerte como para superar esto y seguir mi camino sola. Me recompondré pronto. Ayudaría saber que él se ha bajado de su puta mierda de pedestal orgulloso y saber que algo dentro de él se preocupa de lo que piense yo, pero honestamente, no tengo ni la más mínima esperanza de que ocurra. A veces imagino que recibo un mensaje suyo diciendo "siento haber sido tan orgulloso contigo, sé que te he hecho daño y lo siento" o "ojalá te lo hubiera dicho, sé que me habrías ayudado, fui un imbécil y espero que puedas perdonarme", pero es como imaginar que te toca un viaje en un sorteo en el que ni siquiera has participado. Imposible. No lo hizo entonces, no lo hará ahora ni en broma. Me pidió perdón, sí, pero su tono y su semblante seguían siendo de orgullo. Ahí es cuando vi definitivamente que no le importaba, que realmente era un quehacer que tenía que quitarse de encima. 

Sé que soy fuerte para olvidarle, pero no estoy tan segura de serlo para volver a abrirme así nunca más. No me había abierto así nunca y he recibo una cantidad de dolor muy por encima de lo tolerable, por lo que me deja un resto de desconfianza muy potente. ¿Cómo sé que no van a volver a mentirme y a usarme así? Solo pensar en la posibilidad de que alguien se acerque me da claustrofobia y taquicardia. Supongo que el que no arriesga no gana, pero en este caso yo he perdido mucho. Pero debo recordarme que el que más a perdido de los dos es él, porque ha tenido a su lado a una persona que le dio lo mejor de sí misma y no ha sabido quererle, sino que la ha destrozado, y eso es algo que va en él, no en mí.

Como dice Maldita Nerea: Última línea juntos. Verso acabado. Punto. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

Metavisión

Las personas tenemos diferentes grados de profundidad mental, de intriga filosófica o de capacidad de abstracción. Hay gente que se empapa de lo metafísico y surfea sus intrincadas olas con bastante soltura, mientras otras personas se quedan en el estrato más superficial de la realidad.

¿Qué diferencia a un ser cuya máxima reflexión sobre la libertad tiene relación con la autoridad de su madre/padre sobre sus planes del sábado noche, de un ser que sería capaz de rizar el rizo al máximo exponente, adentrándose en lo más profundo de la realidad?

La metavisión. La capacidad de mirar más allá de lo que vemos. Ya lo decía Rafiki en El Rey León, y no eran palabras vacías las del divertido simio con acento animado, pues es una capacidad que cada día escasea más.

¿Y cómo puedes entrenar dicha capacidad? Para empezar, si te interesa entrenarla ya tienes mucho camino hecho, ya que es el mismo interés la base de la que se parte. Ese interés, en mi opinión, te lo suscita la educación que has recibido en casa. Si ves a tu madre leer mucho, lo más probable es que tarde o temprano te pique el gusanillo de la lectura. Si oyes a tu padre reflexionar de tanto en tanto sobre temas que no te habías parado a analizar, comenzarás a analizar más variedad de situaciones.
Tu entorno también puede favorecerlo o inhibirlo, por supuesto. Rodearse de personas cuyos únicos intereses son mundanos te sume en una rutina de pensamiento cómoda y simplista. Sin embargo cuando alguien te saca de ese pequeño rinconcito de comodidad y te hace debatir sobre algo que quizás no habías considerado de interés, te está haciendo un gran favor.

El problema de la metavisión es que alcanzar a vislumbrarla es algo complicado, porque estamos bastante saturados de mierda que la sociedad nos hace considerar relevante, obviando lo realmente relevante. ¿Para qué voy a leer, si es mucho más cómodo ver Gran Hermano y me entretengo? ¿De qué sirve formarme si ya tengo puesto de trabajo fijo en la empresa de mi padre? ¿Las noticias? Sólo dan disgustos. ¿Votar? Yo que sé, qué más da.
Esa sociedad es la que nos rodea.

Si has llegado hasta aquí, felicidades. Puedes considerarte alguien con interés, porque te aseguro que otros habrán dejado de leer esta reflexión en el segundo párrafo. ¿Total, para qué?

Los metavidentes ven siempre más de lo que se expresa con evidencias empíricas. Crean asociaciones en su mente que a mí, por lo menos, me asombran. No se conforman con una respuesta monosilábica, desganada y de refilón, sino que ahondan y ahondan hasta que llegan a conclusiones que ni ellos mismos esperaban encontrar.

Desde este pequeño rincón perdido de la mano de Dios, os mando un mensaje: queridos metavidentes, os necesitamos.


jueves, 17 de noviembre de 2016

Creo
que la vida no funciona con interruptor, 
que el mundo no está hecho a medida,
que somos polvo organizado, 
desorganizados por el mismo azar
que ríe sin prisa.

Pero da igual lo que crea,
no importa, ni importará nunca. 

Porque el reloj seguirá marcando la hora, 
y el mundo rotando
y tú, incansable, 
siempre seguirás viajando.

Somos eso, polvo que se mueve.
Polvo que se acumula en estantes, 
polvo que inunda las calles,
que va y viene, sin alterar su semblante.

Mentiras.

Mentirás.
Mentirás mientras miras con miradas esquivas,
mientras comprimes las vidas de los ojos sinceros,
mientras espero a que decidas qué mentiras te convertirán
en un perfecto caballero.

La mentira es inevitable.
Envidiable quien la ignora,
pues en su ahora carece de lo que al cauto estremece
y perece ante la vista del juez que lo valora.

¿Y todo por qué?
Pregunté, cansada de la fatiga
que irremediablemente hostiga al que ama la verdad
y desarma la mentira.

"Orgullo"
Responde un murmullo en el fragor de mi pensamiento.
Valor y amor subordinados al encandilamiento del ser externalizado,
de la apariencia vacía, de aquel que ansía reconocimiento sin sufrimiento,
o clamor sin haber aclamado.

Ahórrame tu compañía si eres un perfecto caballero.
Cargas con mentiras y sinceramente, prefiero evitarlas.

viernes, 9 de octubre de 2015

SL.

Salta, grita, corre y grita otra vez. Siéntete vivo. Sal de tu rutina, atrévete a empezar una aventura. Deja de caminar, para y mira hacia arriba. ¿A dónde quieres llegar?

Tus objetivos están ahí, esperándote, tú sólo tienes que trazar el camino hasta ellos. ¿Radio? ¿Espectáculo? Como si son malabares con monos del Amazonas (o monas). AHORA puedes conseguirlo. No te digo que será fácil, te digo que será real. Tienes un potencial tan infinito como quieras que lo sea, sólo necesitas dar el paso adelante.

Quiero que sepas que tomes el camino que tomes no lo vas a tomar solo. Aunque sea tu camino, tienes un ejército de personas dispuestas a ir a la guerra por ti. Tal vez no nos veas a diario, tal vez algunos vivamos lejos, pero no cambia la realidad. Te apoyamos, desde distintos puntos de la península y de una forma tan sincera como real.

Tienes intención de grabar un vídeo, pero te trabas al ponerte a ello. ¿Recuerdas mi consejo? Un amuleto, un objeto pequeño que te haga sentirte más cómodo con la situación. Es un vídeo importante, sobretodo para ti. No lo dejes para mañana. ¡Grábate hoy! Una, dos, tres, mil veces si lo necesitas, hasta que te sientas satisfecho con el resultado. Va a merecer la pena, estoy segura. Sólo con que te escuche una persona ya merecerá la pena que hables, y te juro que yo quiero escucharte. Tienes mucho que decir, muchas experiencias que te respaldan y mucha gente a la que puedes impulsar a conseguir  sus metas. Pero antes de todo ello, el primero que tiene que ir a por todas eres tú.

El protagonista eres tú y sólo tú. Ni los seguidores, ni yo, ni nadie. TÚ. ¡¡¡Siéntete orgulloso!!! Eres el único protagonista de tu vida, el único que puede cambiar el guión cuando le de la gana y el único que decide hacia donde encaminar la historia. El resto somos figurantes. Saca pecho, sonríe y coge tu cámara, que tienes mucho que enseñar al mundo, S.

Un besazo enorme de esta pequeña sinvergüenza norteña.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Basura

No sé que es.
Si es el tiempo lejos de casa, el tiempo lejos de ella, o qué, pero hoy la vida no sabe igual que otros días. Hoy todo me sabe como cuando muerdes un limón pocho. No sabría ni explicar por qué. No es a o b, es todo el abecedario danzando por mi cuarto como si fuera su territorio.

He tenido una discusión que creo que ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero el problema real no es esa gota, es que el vaso estuviera lleno.

Claro, dibujar y escuchar música melancólica no ayuda, sólo me reafirma en mi soledad, pero bueno, tampoco tengo ganas de más. Es que realmente no tengo ganas de nada más que de volver a mi casa, tumbarme en mi cama e hibernar ahí.

Por no tener ganas, no tengo ganas ni de escribir más.
Agur.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Ni puta idea de como titular esto.

Curioso.
Hasta hace nada el mundo era muy grande y yo muy pequeña. Me movía por los recovecos por los que nadie pasea su mirada, demasiado focalizada en el centro. Invisible, iba y venía. Sin llamar la atención, sin ser nadie, siendo yo.
No era desagradable, de hecho te da cierta libertad para actuar al margen de las opiniones de aquellos que sólo te ven cuando la periferia de su campo visual tiene la desgracia de toparse contigo.

Pero todo cambia. El mundo sigue agrandándose, pero aprendes a crecer a la vez que él. Dejas de ser invisible, y empiezas a ser el proyecto de la persona en la que te quieres convertir. Por fuera eres la misma. Misma ropa, mismo peinado, misma forma de hablar y andar... Es más bien una sensación interna. Ya no me escondo de mí misma, ni me da vergüenza la mayoría de cosas que antes sí. Ya no siento que me muevo por donde nadie mira, simplemente no me importa dónde mire la gente, me muevo por donde a mí me da la gana.

Creces, y creciendo aprendes a crecer.
Siempre he sabido qué quiero estudiar y siempre me he esforzado para llegar a dónde estoy hoy. Pero he decidido que voy a dejar de estudiar. Sí, definitivamente lo dejo. Voy a dedicarme a aprender. No quiero ser buena estudiante, quiero ser buena médico. Y lo voy a conseguir.
Porque me da igual las horas que tenga que emplear, porque aunque haya dejado atrás mucho (muchísimo), sé que va a merecer la pena.

No se trata simplemente de obtener un título, se trata de entender que eso lo he conseguido yo, con mi esfuerzo y mi tiempo.

Me viene a la cabeza la imagen de un novatillo que acaba de aterrizar en la ciudad donde estudio. No sé por qué, pero tengo en mi cabeza una...mmm... situación hipotética, por llamarlo de alguna manera, y es que llegada la última semana de mayo, cuando nos dan las notas, que el novato me llame y me diga "lo he conseguido".
Es una tontería, no tiene nada que ver conmigo en un principio, no es de mi familia y no le conocía hasta hace una semana... Pero tiene un factor, un componente o un "X" que me impulsa a impulsarle. Es jodidamente curioso. No quiero que cometa errores que yo cometí, y cometí muchos.
Me estoy planteando enseñarle esto, pero me da mucho reparo, no es algo que me guste enseñar más allá de este blog perdido por internet. Ya veré qué hago.

Cambios. El año pasado me vinieron muchos seguidos (demasiados) y me adapté como pude. Leyendo mierdas que escribí por aquella época veo el miedo que tenía. Todo era tremendamente grande y difícil. O así lo veía yo. Pero aunque cambió todo muchísimo, la que más cambió fui yo. Al fin y al cabo entre tanto cambio me acabé dando cuenta de que estar en el ojo de un huracán que parece que va la hostia de rápido te da la oportunidad de aprender a manejar el viento a tu favor y acabas viendo que ese huracán no era tan grande, simplemente yo era pequeñaja.